Enero de 1984
Antes de empezar a ir a la clínica, mi mamá me platicó de ella. Al principio lloré y me asusté pensando que tal vez algún conocido estaría allí o me vería allí.
Una vez que empecé, las personas que me atendían en mis citas me hacían sentir cómoda, no como los demás doctores a los que fui para curar mi problema. Yo pensé que este sería como los demás lugares donde te sientas en la sala de espera por media hora y entrar a hablar con el doctor por cinco minutos. Pero aquí te tratan de forma especial y tienen mucho interés personal por ti.
La clínica me ha ayudado muchísimo. Estaba segura que yo iba a tener este problema de por vida, pero gracias a ustedes ya no es así.
Con cariño siempre,
Michelle -Señorita de 13 años
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